jueves, 16 de junio de 2011

Verano

Verano

La radio suena pero no escucho. Me quedaría aquí por toda la vida. Parece como brisa cálida de los días de verano, no aquel sol abrasador que nos hace sudar como si fuésemos hielo derritiéndose, si no el sol que vitaliza nuestro interior con vida.

Pero no es sol, es sangre. Roja y pura agua vital que corre por los ríos del día. Me quedaría aquí eternamente, pero no puedo. Cada vez se escucha menos, apenas un susurro en el viento. Pero a cada momento es más cálida la sangre. Recuerdo tardes de invierno sentado frente a la estufa, días primaverales viajando con el sol en mi rostro, otoños de rojos atardeceres mientras hojas de miel llovían del cielo. Y recuerdo el verano, dando vida. ¡Qué ironía que el mismo verano me la esté quitando!

Finalmente el sonido se apaga y la sangre habla. Dice adiós en una palabra. Yo me quería quedar para siempre, con aquel calor que hacía olvidar el dolor. Pero debo irme, hacia el frío y el silencio. Me marcho también para siempre, sumido en este verano amargo.

Y cuando termino de escuchar el adiós, el verano se ha ido con la marea. Va al mar del olvido dejándome solo. El silencio del sepulcro me recibe en el vacío: el frio abrazo de la nada.

By Santiago Fernández

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