lunes, 12 de julio de 2010

El Retorno

El Retorno

La luz casi se extinguía cuando alcanzó a leer las letras. Después de eso, la completa oscuridad. Entre las tinieblas que se agazapaban como niebla a su alrededor, la palabra dio vueltas en su mente. Tenían pronunciación y validez fonética, pero semánticamente era vacía. No existía modo de definirla ni darle un significado, si es que existiera tal cosa en el universo.

Tanteando en su bolsillo logró sacar el último fósforo que le quedaba. Necesitaba leer aunque fuese una vez más aquella extraña palabra inscrita en el idioma del mundo, pero que en ninguna lengua del cosmos poseía sentido. Quizás su significado escapara de los hombres, sólo existiese en el cielo y la inmensidad de las galaxias. Tal vez a la humanidad le correspondiese buscar su significación como la única misión de su destino. Debía ser algo olvidado, pero que existía, por algo aquella palabra estaba allí. Por la vastedad de los siglos, ellos habían dejado de lado aquel vocablo, perdiéndose para siempre en la memoria del pasado.

Cuando la fugaz luz apareció, pudo ver las letras. Primero una “A”, seguida de una “M”, para terminar en una “O” y una “R”.

martes, 6 de julio de 2010

Sentimiento Letrado

Sentimiento Letrado


Me enamoré otra vez

Vuelvo a dormir contigo

Soñar con tus suaves besos.

Me haces compañía día y noche

En el dolor y la dulzura

Me aferro a ti

Como una metáfora a su símbolo.


Perdón.

Te fallé.

Una vez dije que fue por ti,

Para después negar que siempre te quise.

Hoy lo veo, hoy lo siento,

Eres yo, parte de mí, esencia de mi alma.

Materia inmaterial substancial

De la sangre que de la tierra

Fluyendo en mis manos movedizas.


Eres letras, como música ambulante.

Notas, en la escala de un pentagrama universal.

Me quieres, lo sé.

Porque estás conmigo.

Quizás me usas, para alabarte.

Para decirte lo hermosa que eres.

Pero no me importa.


Estoy embriagado de amor

De armonía, de encantamiento.

Eres lo que quiero, quise y querré.

La escritura de mi vida, palabras del cielo.

Duerme aquí de nuevo,

Alimenta mis sueños y guía mi esperanza.


Lo grito: te amo.

Vuelvo a ti, vuelves a mí.

Somos uno en la nada,

En la completa inmensidad del todo.

Lléname otra vez, belleza en sí misma.

Porque bebo de tu cáliz hasta el final de los siglos.

sábado, 3 de julio de 2010

La Prisión

La Prisión

"La tristeza es la cuna de inspiración de todo escritor."
Agatha Christie.

No sé por qué me gusta tanto el violín. Quizás porque siempre sabe a tristeza, a veces melancolía y en algunas ocasiones parece lluvia. No es que me guste estar triste, pero así tengo algo de qué hablar, una fuente de donde emane eso que quiero entregar. Como estoy recluso en esta prisión invisible, siempre tengo que escucharlo, así que mí placer es satisfecho diariamente.La que llaman Hija de la Reina es la que lo hace sonar, tarde tras tarde, casi como un ritual sagrado. Ya me sé siete canciones, después de haberlas oído tantas veces se encuentran escritas cual partitura marcada a dedo en mi mente, como en una pared babilónica. Las reproduzco al mismo tiempo en que los dedos de la niña recorren el cuerpo helado del violín mientras su mano desliza suavemente el arco por las cuerdas y la música se convierte en vida. En ese momento, surgen las imágenes y comienzo a hacer bailar el lápiz. Siempre es tristeza, no por ser lo más sencillo, si no de lo que más entiendo. Y me lo han dicho tantas veces. Que al leer mi poesía lloran, porque no entienden cómo las palabras los llevan a sentir esa agonía expresada en el papel, los trasporta hacia un sentimiento materializado como una opresión en el pecho que se traduce en pena, tristeza y luego llanto. Yo pienso que ellos viajan a mi mundo, de dónde vengo, mi prisión invisible.
Y de ahí me pongo a pensar en cómo escapar. Sé que es imposible, pero el propio hecho me hace dudar. Si ellos pueden venir a mi hogar ¿podría yo salir del mismo modo? Al leer lo que aquella dama con violín hace en mí, logran escabullirse hasta las paredes de la prisión que me encierra, pero luego logran salir. Porque yo siempre estoy solo aquí. Ningún alma me hace compañía, jamás.
Entonces si yo los leyese, si ellos escribieran de su mundo, yo podría escapar. A veces sueño con eso, con que escapo. Pero sé que es imposible. Cuando suena el violín, se escucha también la voz que dicta mi sentencia. Estoy apresado en mi propia mente, en un bucle cíclico que no deja de repetirse. La rueda del tiempo gira, pero cuando llego al punto final me encuentro igual que cómo empecé. Lo que único que cambia es la canción, que cada día me dice algo distinto. Hoy me dijo que contara una historia, de un hombre que habita un laberíntico castillo gigante, que en realidad es una celda. La celda está en su cabeza, no le permite escapar. Es prisionero de sus propios pensamientos incapaces de fugarse a otro mundo.Sí, la música ya terminaba. La historia estaba por concluir. Solo le restaba decir lo mucho que le gustaba el violín. No porque le gustase estar triste, pero así, tenía de qué hablar,una fuente de donde emanase eso que quería entregar

martes, 29 de junio de 2010

Sueño

Sueño


Una telaraña cambiante

Autopista con miles de desvíos,

Pero que regresa a su propio punto.

Una piscina llena de algodón de azúcar

O un río sólo de espuma.


Fuego que forja

Agua que limpia

Viento que orienta

Tierra que germina

Luz que guía.


Yo sueño

Aves a un lado,

Globos al otro

Y subiendo, subiendo

Llegando al cielo

Toparme al fin contigo.


En el sueño no te has ido

Aun estás aquí.

Por eso yo sueño,

Porque aun estás conmigo.



martes, 22 de junio de 2010

Rain


Hay un vacío en mis oídos. Un fragmento que se escapa al completo concierto que me llena como luz al día. Lo siento, distante, como un recuerdo incapaz de concretarse. Aquel sonido melodioso, armónico, la única música que acompasa a mis pensamientos, que inspira desde su altura a divagar entre los más recónditos mundos de la mente, ya no está. Cuánto quisiera que volviese por mí.

Desearía que cayese del cielo. Que me limpiara con su purificadora luz cristalina. Nubes, lluevan hoy por mí. Envíen su líquida alma a completarme nuevamente, a llenar el oscuro abismo que en mi alma se ha forjado. Soy un ente carente de pensamientos sin ella. Cuando a su acompasado ritmo entona melodías para mí, puedo soñar, crear, volar. La perfecta musa de inspiración. El don de la naturaleza que me ha sido concedido.

Aunque sea por un fugaz instante, vuelve. Regresa como una llovizna matinal, como una suave bruma volátil, como un dulce rocío bañando el nacimiento de la mañana. Aunque fuese un segundo, demuestra que estás ahí, en el cielo, dispuesta a acudir en mi llamada, a socorrerme en mi vegetal estado intelectual.

Cae en mí. Canta en mí. Llueve en mí. Porque gracias a ti es que siento la vida corriendo por mi mente. Siento aquel canal que fluye corrientoso. Agua que me hace ser aquel que deseo ser. El que me trasforma en el pensador que siempre imagino en aquellos sueños que sin lluvia, nunca serán realidad.


miércoles, 16 de junio de 2010

Tormenta


Tormenta.

Adele alzó su mirada por sobre la ventana para ver cómo caía la lluvia sobre la ciudad. En la oscuridad del exterior, los hogares vecinos parecían sumidos en una desolada soledad. Tímidamente el humo brotaba de las chimeneas, movido por una brisa helada e interrumpido por las copiosas gotas de la lluvia que aquella tarde bañaba la tierra.

Estaba sola en su casa. Su padre trabajaba hasta tarde y su mamá se encontraba en casa de su hermana. Aquel aislamiento le gustaba. Solo escuchar su música favorita alrededor del calor emanado por la estufa. Hacer nada. Podría estar por horas así, sin ser interrumpida. Su mente vagaba por distintos escenarios, sin concretar ninguna idea. Un nivel de abstracción casi absoluta.

Súbitamente un ruido la sacó de su ensimismamiento. Se quitó los audífonos y puso atención a los sonidos de su alrededor. La lluvia seguía cayendo, ahogando cualquier ruido exterior. Lo que fuese que ella había escuchado, estaba dentro de la casa.

Sin saber porqué, su corazón comenzó a latir más rápido. Lo que había percibido parecía como pasos, pero no podía definir el lugar de la cada de dónde provenían. ¿Había alguien más en la casa?

Era imposible. Su padre salía muy tarde y su madre no podía haber llegado, pues ella la habría visto entrar. Nadie podría haber entrado. Entonces ¿había imaginado aquel sonido?

De nuevo. Pasos. Esta vez sí supo de dónde venían. Su habitación en el segundo piso. Nuevamente su corazón se aceleró, pero ahora lo acompañó un escalofrío en su espalda. Estaba aterrada. Racionalmente podía pensar en llamar a la policía, salir de su casa, pedir ayuda a sus vecinos. Sin embargo, ajena a todo pensamiento objetivo, subió las escaleras y abrió la puerta de su pieza.

Fueron dos segundos eternos. Miles de pensamientos pasaron por su mente en aquel momento. Fuese lo que fuese lo que se encontrara del otro lado de la puerta, la atraía. Un llamado tácito, la requería. No obstante, el miedo la paralizaba. Un pavor que la recorría desde la cabeza hasta los pies. Aquello no era normal. Nunca antes de había sentido así.

Cuando el umbral estuvo abierto, pudo ver el responsable de sus temores. Era de altura media, delgado, cabello claro y tez blanca. Iba vestido totalmente de negro. En su mano derecha portaba un sobre que estaba depositando sobre su cama. Al entrar Adele, le dirigió la mirada. Ojos azules, profundos, enigmáticos. El escalofrío la volvió a atormentar. Se sintió traspasada por esos ojos, desnudada, como si pudiese ver sus pensamientos, su interior, su propia alma. Ella quedó allí, petrificada, sin poder hacer el menor movimiento. Paralizada por aquel extraño hombre que invadía su hogar.

Lejos de asustarse por su presencia o intentar hacerle daño, el hombre solo dejó el sobre en su cama y tranquilamente hizo una reverencia ante ella. ¿Se estaba burlando? Con movimientos seguros, se acercó a la ventana y con una agilidad casi sobrehumana se lanzo hacia afuera, en un salto imposible de realizar para los seres normales. ¿Quién o qué era ese hombre?

Adele sintió como si las cadenas que la ataban se soltasen. El miedo desapareció así como su inmovilidad. Corrió hacia la ventana para poder ver al hombre, pero éste había desaparecido. La lluvia comenzó a caer más fuerte aún, como un diluvio. Ya no podía divisar las otras casas, solo aquella muralla de agua que la dividía del mundo exterior.

Su mente comenzó a trabajar de nuevo. Lo que allí había pasado no tenía explicación aparente. Todo parecía sacado del peor cuento de terror o misterio. Pero esas cosas no ocurrían en el mundo real. Si aquel hombre quería algo de ella, averiguaría cual era el motivo y descubriría lo sucedido aquella tarde. No iba a quedarse tranquila hasta entender qué fue aquella extraña escena.

Su mano tomó el sobre y súbitamente las sensaciones volvieron a adueñarse de su raciocinio. ¿Lo abriría? Más allá de tener miedo acerca de las historias de cartas que estallaban, su terror era sobre el contenido del papel. Lo que allí encontrara, explicaría de alguna forma el porqué de la presencia del extraño en su habitación.

Cuando sus dedos controlados por una fuerza invisible se disponían a abrir el sobre una luz iluminó toda su habitación fugazmente. Luego un horrible ruido se apoderó del cielo. Truenos. La tormenta había comenzado.